top of page

GANADORES

 

VIDEO REPORTAJE 11-14 AÑOS

"Cuidemos los ríos" ​Estudiante Milo Imbrogno. 

Docente Lara Peña. San Jorge Quilmes (St. George´s College)

 

VIDEO REPORTAJE 15-18 AÑOS

​"Inundaciones en Zárate" Estudiante: Benjamín Alanis Niedú.

Colaboraron: Felipe Struck, Catalina Montesanti, Luca Sanguineti, Mía Nazareth de Guzmán, Ciro Abel Rivas, Pablo Calvar Marzoa.

Docente María Scheffer. Escuela Modelo Mariano Acosta

FOTO. TÍTULO: "FELICIDAD ARTIFICIAL"

Estudiante Luca Pérez Sigillo Sauro

Docente: Patricia Lagonero. Colegio Bayard.

ppp.jpg

Las gomitas tienen un color con tonos muy fuertes y brillantes. Esto se debe a los colorantes artificiales, como la tartrazina. Sin embargo, este tipo de colorante puede afectar la salud, ya que en muchos niños se asocia con hiperactividad o con algunos problemas de conducta.

ARTÍCULO 11-14

TÍTULO:DOES FOOTBALL CONTRIBUTE TO POLLUTION?

Estudiantes: Emma Anabella Penas, Facundo Ubeda e Isabella Grasso Rodrigeuz. Docentes: Martina Kolesnik / Irene Spinetta. COLEGIO MANUEL BELGRANO, HNOS. MARISTAS

La escasez de productos por tendencias alimenticias

Por Nina Colombo, Olympia Melcer, Valentina Muchico, Lola Vannelli  y Martina Feijoo


 

En los últimos años, las redes sociales influyeron demasiado en lo que la gente come y compra. Muchas veces, un producto común se vuelve demasiado popular solo por que aparece en videos virales, recetas o recomendaciones de influencers. Esto provoca una demanda muy alta y repentina que las empresas no siempre pueden cubrir, generando escasez en los supermercados y tiendas.

 

Un ejemplo es el pistacho. Este fruto seco se volvió tendencia por su color, su sabor y su uso en distintas comidas como pastas y helados. La demanda creció tanto que en algunos lugares las fábricas dejaron de producir otros sabores o productos para concentrarse en los que contienen pistacho, ya que son los que más se venden. Esto provocó una falta de otros alimentos y una subida de precios en todo lo que se relaciona con el pistacho.

 

 

Chocolate de Dubai (chocolate relleno de pistacho) tendencia por ser tan crocante y con pasta de pistacho por dentro.

 

Algo similar pasó con los sabores de helados clásicos como vainilla, chocolate o frutilla que empezaron a producirse en menor cantidad porque las personas buscan opciones nuevas que luzcan bien en redes, como pistacho, caramelo salado, matcha o sabores con toppings coloridos. Muchas heladerías dejaron de ofrecer algunos sabores tradicionales para dar lugar a los que están de moda.

 

 

 

 

 

 

 

 



 

También ocurrió con otras modas, como el pan de masa madre, el matcha, las bebidas proteicas o los productos con palta. 

Cuando algo se pone de moda, muchos restaurantes y marcas cambian sus menús o sus líneas de producción solo para aprovechar la tendencia y darle al público lo que quiere. Esto no solo genera escasez de otros ingredientes, sino que también afecta a los productores que deben adaptarse rápido a lo que pide el mercado.

 

 

Además, estas modas tienen consecuencias que afectan al medioambiente. Cuando la demanda de un producto aumenta demasiado, se necesitan más tierras, agua y transportes para producirlos. Por ejemplo, los cultivos de pistacho y palta requieren mucha agua y en algunos países se empezaron a encontrar sequías y deforestaciones. A esto se suma el aumento del transporte internacional, ya que muchos alimentos de moda se importan desde otros países, lo que genera más emisiones de dióxido de carbono y contamina el planeta

 

 

 

Por otro lado, cuando una tendencia desaparece, muchas empresas quedan con excesos de producción o alimentos desperdiciados, lo que también daña al ambiente. Producir más de lo necesario significa gastar recursos naturales que luego se pierden.

 

En conclusión, la escasez de productos por tendencias alimenticias no solo afecta a la economía y al consumo, sino que también al medioambiente. Las modas cambian la forma en que las empresas producen y las personas compran, generando desequilibrios y contaminación. Por eso, es importante consumir con responsabilidad y elegir alimentos pensando no solo en lo que está de moda, sino también en lo que es sostenible para el planeta.  

Imagen de WhatsApp 2025-11-28 a las 12.25.44_0879fca9.jpg
sabores de moda (1).jpg
sasas.jpg
Imagen de WhatsApp 2025-11-28 a las 12.33.45_4260effc.jpg

ARTÍCULO 15 - 18

TÍTULO: INUNDACIONES EN ZÁRATE,

PROVINCIA DE BUENOS AIRES

Estudiantes: Emma González Adolfi y Josefina Ema Lagos. Docente: Marisa C. González. Escuela Modelo Mariano Acosta

INUNDACIONES EN ZÁRATE:
CUANDO LA LLUVIA PARALIZA EL PLATO


En la madrugada del 16 al 17 de mayo de 2025, Zárate vivió una inundación brutal que no sólo arrasó barrios, sino que también golpeó la producción de alimentos en la región. El agua anegó caminos rurales, campos de cultivo, tambos y granjas, generando pérdidas que repercuten desde la mesa local hasta las cadenas comerciales nacionales. Esa tormenta no fue un accidente: reflejó las tensiones entre urbanización descontrolada, cambio climático y desigualdad territorial.

 

Por: Emma González Adolfi y Josefina Ema Lagos

 

Zárate como nodo entre ciudad y campo


Zárate no es solo una ciudad ribereña: está situada en un punto en el que confluyen áreas industriales, etapas productivas agrícolas y ganaderas y redes de transporte hacia Buenos Aires y otros centros. En ese sentido, actúa como mediador: lo que se produce detrás en los campos muchas veces tiene que pasar por rutas, logística y centros de acopio que atraviesan la infraestructura urbana de la zona. Cuando el agua colapsa rutas o caminos secundarios, ese “puente” entre campo y ciudad se quiebra. Cosechas no pueden salir, animales no se trasladan, insumos no ingresan. En la inundación de mayo sucedió esto.

 

Desastres en los campos: cultivos,

ganadería y suministros

Las inundaciones de mayo de 2025 no golpearon sólo

casas: afectaron gravemente la producción agrícola

bonaerense. Más de dos millones de hectáreas en la

provincia quedaron bajo agua o en riesgo, debido a los

anegamientos, según CARBAP. Productores denunciaron

pérdidas de soja, maíz, girasol y granos que no

pudieron cosecharse. En muchos lotes, el agua cubrió las

plantas, pudrió la producción o impidió el

paso de maquinarias. También se registraron pérdidas en

Efectos en el abastecimiento y el precio del plato


Cuando la producción rural se paraliza, el impacto se filtra hacia la ciudad. En el conurbano bonaerense y el Gran Buenos Aires —donde muchos alimentos llegan desde distritos como Zárate o zonas cercanas— baja la oferta y suben los costos. Lo que era barato puede encarecerse, lo que se cosechaba justo, queda incompleto. Además, productores chicos o medianos que no contaban con respaldo financiero o ayudas quedarán endeudados o descartados del circuito productivo. En estos contextos, los más golpeados serán los que ya tenían menos: campesinos familiares, medianos establecimientos que dependen del margen del mercado local.

Rodrigo, vecino de barrio periférico, comparó la
situación con una “laguna que volvió a tomar lo que
era suyo”: muchos de esos barrios estaban asentados
cerca de arroyos o zonas bajas que históricamente
eran humedales. Cuando llovió fuerte, el terreno
volvió a inundarse. Un bombero contó cómo
se improvisó el rescate en campos: salir con botes
por caminos rurales anegados para socorrer
familias rurales, evaluar cómo trasladar animales,
asistir a productores que quedaron atrapados.

Otro vecino dijo que ya sabían que la tormenta iba a pegar fuerte: “en menos de una hora, el agua subió 80 milímetros”. La coordinación local empezó con monitoreos, obras públicas y “hacer que las personas salgan rápido” antes del punto máximo de la lluvia. El Intendente, Marcelo Matzkin, desde el municipio, insistió en que “todo lo que podamos hacer va a ayudar al futuro” —porque la reconversión del territorio no es una obra de un día, es un trabajo constante.

Factores estructurales y globales detrás del desastre


Las inundaciones en Zárate no fueron solo consecuencia de la lluvia: detrás hubo una combinación de fallas estructurales y cambios globales que agravaron la situación. Muchos de los barrios más afectados se construyeron sin permisos ni planificación urbana, en terrenos bajos o cercanos a arroyos. La falta de control estatal permitió el crecimiento de asentamientos precarios que terminaron completamente expuestos al avance del agua. A su vez, gran parte de los caminos rurales carece de drenajes adecuados y mantenimiento regular, lo que los vuelve intransitables durante tormentas intensas. Esa interrupción del transporte afecta directamente la producción y distribución de alimentos, ya que impide el traslado de granos, semillas y otros productos hacia los mercados y plantas procesadoras. Por otro lado, los humedales —que funcionan como verdaderas esponjas naturales capaces de absorber el exceso de agua— fueron rellenados o destruidos con fines urbanos y agrícolas. Al perder esa protección, el impacto de las lluvias se multiplica. Todo esto ocurre en un contexto donde los eventos climáticos extremos, como las precipitaciones intensas, son cada vez más frecuentes debido al cambio climático, lo que deja a las zonas agrícolas sin capacidad de planificar con los patrones que antes conocían.

Propuestas para proteger la alimentación

​Para evitar que una situación como la de mayo
se repita, es necesario encarar un plan integral
que conecte al campo, la ciudad y las autoridades.
Primero, hay que reforzar la infraestructura rural:
caminos elevados, drenajes adecuados y
puentes resistentes que garanticen el transporte
de alimentos incluso en condiciones extremas.
También se necesita recuperar zonas de
humedales y bordes de arroyos como espacios de

amortiguación natural, en lugar de rellenarlos o construir sobre ellos. En paralelo, el Estado debe ordenar el crecimiento urbano y evitar nuevos asentamientos en áreas inundables, acompañando con relocalizaciones dignas a las familias que ya viven en zonas de riesgo. Desde el lado productivo, urge implementar apoyos concretos para el sector agropecuario:
créditos accesibles, seguros frente a pérdidas climáticas y asistencia técnica para pequeños y medianos productores. Esto no solo protege sus economías, sino también la estabilidad del sistema alimentario. Además, es fundamental diversificar las rutas de transporte y almacenamiento para que una vía cortada no paralice la cadena de abastecimiento.
Finalmente, el monitoreo climático y las alertas tempranas deben ser herramientas de uso cotidiano, con participación vecinal y rural activa. Solo con planificación, inversión y compromiso colectivo se podrá evitar que una lluvia vuelva a dejar vacías las góndolas y los campos bajo el agua.

ñññ.jpg
pppppp.jpg
cdd.jpg

 

PODCAST

"The paradox of food waste" ​Estudiantes Catalina Bedia,
Maia Barrios, Milagros Gómez y Juliana Sosa Baro

Docente Grismeyer Priscila. Austin eco bilingual school

bottom of page